¿Qué es ciudadanía ambiental? ¿Ética, filosofía, cultura, derecho?

Si partimos de una definición, ciudadanía es el comportamiento propio de un buen ciudadano. Relacionado al ambiente, sería el comportamiento propio de un buen ciudadano con respecto a sus circunstancias culturales, económicas, sociales y ambientales.

Es decir, hablar de ciudadanía ambiental es enhebrar más de una matiz. En la mayoría de las sociedades actuales el ejercicio político se ha convertido en el eje de las cualidades y derechos de los ciudadanos en temas ambientales. Por ello, es de suma importancia tratar las diferencias entre una participación real y una participación disimulada.

En el ámbito nacional e internacional se han formulado tratados y acuerdos jurídicos que obligan a las partes a responder por aquellas acciones perjudiciales para el medio ambiente, con la finalidad de concientizar acerca de los daños que causan ciertos comportamientos y de las repercusiones climáticas que representan para éstas y las siguientes generaciones buscando una participación ciudadana tangible.

Por ello, se han puesto en marcha instrumentos jurídicos o reglamentarios, sin embargo contar con instrumentos jurídicos o normas que no atiendan a las necesidades de nuestra realidad ambiental y que sean fácil de evadir para los gobernados, por contener lagunas jurídicas que permiten eximirse de su cumplimiento, no es más que una evasiva para postergar levemente los efectos del descuido al medio ambiente.

Contribuir contundentemente la participación ciudadana en temas ambientales requiere de la exigencia de decisiones y compromisos hacia uno mismo como parte de un entorno y hacia los representantes de un gobierno.

Hacia uno mismo recae en la toma de conciencia de los malos hábitos que hemos adquirido con los años, y de las responsabilidades que adquirimos como habitantes y votantes de un país. Es decir, percatarnos que los problemas de otros también son problemas nuestros.

El mal uso de los recursos naturales, la deforestación, la contaminación y la basura en las calles es una responsabilidad compartida que puede ser modificada con cambios en nuestro estilo de vida y sistema legal para desvanecer ésta participación disimulada y ocasional que requiere legislar en materia ambiental.

Legislar es sinónimo de leyes, de modificaciones y normas. El avance de la tecnología, el aumento de la población, de las demandas de servicios, la salud de las personas y los constantes cambios en la conservación son aspectos que no pueden dejarse de lado y que exigen que los municipios, estados e instituciones concilien un paraje común.

Aludir a una ciudadanía ambiental incurre en el reconocimiento de derechos y deberes ambientales. Así como la implementación de mecanismos e instrumentos jurídicos que permitan el claro establecimiento de normas que regulen la actividad del ser humano respecto de nuestro medio ambiente.

En ese sentido, nuestro sistema jurídico tiene un marco legal en la materia que protege los recursos ambientales, podemos encontrar, por supuesto, a nuestra Carta Magna, así como las leyes de carácter federal que protegen los recursos que impulsan una cultura de equilibrio ecológico favorable y positivo para nuestro país, como lo son la “Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente”, que regula precisamente las condiciones de convivencia en las personas y el medio para proteger el equilibrio ecológico, y la Ley de Aguas nacionales y su reglamento, que busca salvaguardar el recurso hídrico de nuestro país, entre otros instrumentos normativos que regulan aspectos ambientales, como lo pueden ser las normas oficiales mexicanas.

Concretamente la implementación de mecanismos e instrumentos jurídicos que pongan a la luz del derecho políticas rentables, favorables y eficaces, así como las consiguientes medidas para lograrlo, como la precisión explícita de compromisos en los tratados jurídicamente vinculantes. Es un hecho que el medio ambiente es todo lo que afecta al ser vivo, todo lo que lo rodea. Por ello, jurídicamente es posible realizar acciones que conviertan lo cotidiano en algo trascendental, generando valor ambiental para las siguientes generaciones y el derecho debe de ser la disciplina que por excelencia proteja al medio ambiente y todo lo que eso conlleva de la desmedida actividad del ser humano que ha logrado mermarlo, sin olvidar que el cuidado ecológico es materia de todas las disciplinas que el ser humano estudie y conozca, pues como bien se ha señalado, el medio ambiente es un todo.

2 comentarios

  1. crear una conciencia ambiental es cambiar la forma de pensar de todos los seres humanos, unos carecemos de esa conciencia, hay que entender y darse cuenta en realidad de lo que esta pasando con nuestro planeta y una de las posibilidades que tenemos es abordar a los niños, esas generaciones futuras a proteger y cuidar el ambiente como un deber y hacerlo con al amor y la pasion para poder al menos salvar parte de lo que nosotros los mayores hemos destruido.

  2. Estoy sorprendido de encontrar articulos donde hallar informacion tan util como esta. Gracias por aportar este articulo.

    Saludos

    subufete http://www.subufete.com

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