Acercamiento al concepto de las politicas públicas en la gestion de los recursos naturales

Por: Hernán Carmona A.
Director Científico Fundación PROSPERAR – Barranquilla, Colombia (hernancarmonaatencio@yahoo.com)

De todos es conocido que los recursos naturales, renovables y no renovables, se constituyen en el patrimonio vital de las generaciones presentes y futuras, pues de ellos depende, tanto su existencia biológica como el fundamento que soporta  todos sus procesos socioeconómicos.

No obstante, en el proceso de satisfacción de bienes y servicios  por parte de la sociedad, se  generan grandes flujos de demanda de recursos naturales que se integran a las actividades desarrolladas en los diferentes procesos, ya sean éstos de extracción, de producción y de transformación. En todos éstos  procesos productivos, así como en el proceso final de uso, se originan grandes volúmenes de desechos, ya sean sólido, líquidos o gaseosos, los cuales, para su eliminación, se utilizan inmensas cantidades de energía, para luego según su tipología, ser  descargados y/o depositados diferentemente en  los espacios terrestres, acuáticos y/o atmosféricos.
De acuerdo al panorama anterior, se identifica que  entre la sociedad y los  recursos naturales existe una íntima relación, ya sea por razones biólogas como por razones económicas, lo cual confirma la existencia de una  doble condición de los recursos naturales en la relación sociedad-naturaleza; es decir, ser de una parte, generadores de bienes y servicios y de otra, receptores de los desechos generados en todos y cada uno de los procesos que utiliza la sociedad para la extracción, producción, transformación y uso de los recursos naturales. Esta relación ha dado lugar a la generación de una problemática ambiental de grandes proporciones, que en la actualidad, la conciencia mundial no ha dudado en calificarla de catastrófica. El crecimiento exponencial de la población, genera un aumento desmedido en las tasas de demanda de bienes y servicio, y por consiguiente, un incremento desmesurado en los desechos, que se refleja o incide en el deterioro de los recursos naturales, situación que ha creciendo de una manera alarmante en los últimos 100 años.

Se concluye entonces que  la problemática, que hoy en día y a futuro tiene la sociedad a nivel mundial, se fundamenta en una equivocada relación de la sociedad con la Naturaleza, es decir con los recursos naturales que la constituyen. Esta equivocada  relación, sociedad naturaleza, se caracteriza por una errada concepción en el uso de los recursos naturales, superando continuamente la capacidad de soporte físico-biológico de los mismos, resultado del empleando modelos tecnológicos de extracción, producción y transformación, no acordes con las condiciones y características de cada uno de los recursos naturales, lo cual origina una alta degradación, tanto de los recursos utilizados como de los recursos receptores de los desechos generados dentro de  los procesos tecnológicos. Esta situación, creciente en el tiempo, viene alcanzando niveles insostenibles, que ha obligado a que la propia sociedad, responsable de éste debacle, comience tímidamente a plantear que se encuentra ante la presencia de una PROBLEMÁTICA AMBIENTAL MUNDIAL.

La situación va tornándose cada día más difícil y puede dar lugar a que se presenten condiciones de no retorno, si no se entra a plantear y dar soluciones contundentes y de fondo, que permitan actuar sobre las causas generadoras de éste debacle ambiental que amenaza, no solo la existencia de la sociedad, sino también del fundamento de su propia existencia: los recursos naturales. En virtud de ello, la actuación debe hacerse directamente sobre quien está generando este debacle, es decir, sobre LA SOCIEDAD como un todo, sin excepción ninguna. Esta actuación debe hacerse dentro la propia sociedad, orientándose a incidir específicamente sobre los niveles de demanda y uso de los recursos naturales y sobre los modelos económicos y tecnológicos utilizados para generar los bienes y servicios demandados por la sociedad.

La incidencia sobre las demandas de la sociedad, así como la intervención sobre los modelos económicos y tecnológicos, obliga a actuar directamente sobre el meollo del asunto, es decir, hacer prevalecer los derechos a la vida y existencia de las mayorías con relación a los beneficios económicos de las minorías, que en últimas, están representados por pequeños grupos sociales, caracterizados por un gran poder económico y una altísima capacidad de incidencia intergubernamental, que desde tiempo atrás, han incidiendo y vienen incidiendo en los gobiernos de turno, logrando orientar el devenir de la misma sociedad dentro del planeta.

En respuesta a éste oscuro panorama, diferentes grupos humanos, así como comunidades y poblaciones han iniciado acciones ante los gobiernos para que éstos definan y pongan en marcha Políticas de Protección, Conservación y Uso de los Recursos Naturales, que favorezcan el establecimiento sistemas de administración y/o de gestión de recursos naturales renovables que permitan, que la conceptualización, estructuración y diseño la Política de Desarrollo Nacional, se enmarque en el principio fundamental de la supervivencia de la sociedad. Esto quiere decir, que el desarrollo socioeconómico se fundamente en el uso de los recursos naturales, tanto renovables como los no renovables, enmarcado en parámetros de  protección y conservación de tales recursos, lo cual conlleva a la aplicación de un axioma fundamental: La protección, actual y futura de la sociedad, gravita en que el desarrollo socioeconómico de ésta se fundamente en el uso eficiente y ordenado de los recursos naturales, tanto renovables como no renovables.

La aplicación del axioma anterior dependerá esencialmente de un cambio substancial en el paradigma sobre el cual se ha basado la economía con relación al valor de los recursos naturales, ya sean éstos renovables o no renovables, al determinar que los recursos naturales de por si  no tienen valor alguno como elementos integrados a los sistemas ecológicos, pero cuando  éstos se encuentran  integrados como elementos a los procesos económicos, ya sean de extracción, producción o de transformación, si tienen valor como materias base y/o primas. Es aquí donde radica la problemática ambiental, es decir, es un problema de conceptualización del valor de los recursos naturales por parte de la sociedad, pues los recursos naturales como elementos que se integran a sistemas en el medio ambiente para la sociedad no tienen valor económico, si no han sido intervenidos a través del trabajo y/o  hacen parte de procesos económicos.

Por lo tanto, al no tener los recursos naturales valor como elementos esenciales y fundamentales dentro de los sistemas ecológicos, éstos  son utilizados profusa y desordenadamente, mediante la utilización de procesos tecnológicos, en donde el balance de masas final de tales procesos, es decir, la suma del peso de los  residuos más el monto del peso las alteraciones generadas, ya sea dentro de los procesos, como en los efectos colaterales de los mismos, son infinitamente mayores al peso de los productos finales obtenidos en la aplicación de los procesos. Lo anterior indica, que en la actualidad, el precio o valor de los productos terminados, producidos para satisfacer las demandas sociales, corresponde únicamente al valor originado en la aplicación de los distintos modelos productivos que integran la marcha de producción, sin incluirse en éste valor, la marcha del deterioro ambiental durante todo el proceso productivo.

Lo anterior significa, que dentro de los modelos económicos que vienen siendo utilizados desde tiempos pretéritos, los recursos naturales no tienen un valor propio que se tenga en cuenta dentro de los costos de producción, por el contrario, el valor del recurso se obtiene del proceso de extracción o de producción. Esto significa que el valor de los recursos naturales, que participan  como materias primas en los modelos económicos actuales, no tiene valor alguno, siendo éste obtenido de forma inversa como resultando de la cadena productiva.

Ante ésta situación, se hace necesario romper con el paradigma de que los recursos naturales: suelos, aire, aguas, paisajes, recursos inertes, vegetación y recursos biológicos, que las generaciones actuales los han recibido como un legado de generaciones pasadas y, por lo tanto, no se encuentran valorados como activos en la contabilidad de los países, razón por la cual, éstos recursos se utilizan indiscriminadamente y sin ningún respeto por la función ambiental que ellos cumplen y que pueden ofrecer a futuro. El hecho de valorarlos como recursos fundamentales de la existencia de las sociedades, implica incluirlos dentro de los bienes del Estado y registrarlos en la contabilidad nacional, y en virtud de esa nueva dimensión económica, se hace necesario protegerlos y conservarlos, como si se hace con el valor cultural de cambio identificado como dinero, que es representado por un instrumento asociado a un papel moneda, que puede o no tener un respaldo real en los bancos centrales de los países y que para protegerlo, cada país lo hace a través de una Política Pública identificada como la Política Monetaria, inserta en la Política Económica del país.

El establecimiento de una verdadera y eficiente Política de Protección, Conservación y Uso de los recursos naturales, debe partir de la definición y establecimiento dentro del Estado de dos principios fundamentales, primero, que los recursos naturales son la verdadera riqueza de los países y sobre los cuales se fundamenta su economía, tanto presente como futura y, segundo, que la conservación y protección de los recursos naturales se inserte como premisa dentro de la estructura socioeconómica del Estado, de tal forma que participe como marco rector  en todos los procesos socioeconómicos.

La materialización de  estos dos principios dentro del Estado requiere la inserción de los recursos naturales, valorados económicamente e integrados en el sistema económico nacional, permitiendo  que a través del sistema de planeación del desarrollo socio-económico se establezca una relación coherente y equilibrada entre el sistema de recursos naturales renovables y el sistema económico nacional. Bajo éste modelo, se puede lograr favorecer el desarrollo socioeconómico de las poblaciones presentes y  posibilitar el normal desarrollo socioeconómico de las generaciones futuras, de tal forma que tanto unas como otras, tengan las mismas oportunidades de hacer usos de los recursos naturales.

Definida la relación del desarrollo respecto a la base del mismo o sea los recursos naturales, el marco del desarrollo socioeconómico de los Estados se fundamentará en una nueva dimensión  de las Políticas Públicas, es decir, que éstas sean integrales,  que viabilicen el desarrollo pero a su vez, favorezcan y garanticen la conservación y protección de la base económica, es decir los recursos naturales. En consecuencia,  un desarrollo sostenible y equilibrado que garantice a las sociedades presentes y futuras la oferta en el tiempo de bienes y servicios,  corresponde  a una definición conceptual sobre el USO de los distintos  recursos naturales, en donde tal definición se enmarque dentro de conceptos de CONSERVACIÓN Y PROTECCIÓN. Lo anterior obliga a la definición coherente de las Políticas Públicas de Desarrollo, en donde el USO  de los recursos, renovables y no renovables, tenga como premisa básica y fundamental, la CONSERVACIÓN Y PROTECCIÓN de los mismo, lo cual exige la conceptualización y diseño de verdaderos  instrumentos que viabilicen la puesta en marcha de dichas políticas, tales como: instrumentos jurídicos, instrumentos técnicos, instrumentos económicos e instrumentos administrativos, etc.

Para ejemplarizar el concepto anterior, en la figura adjunta, se presenta de forma unifilar y muy simplificada, la génesis del proceso de ocupación territorial por los diferentes grupos humanos que conforman la sociedad.A nivel de todos los países se cuenta  con instrumentos de administración y /o gestión de recursos naturales, pero tanto las unas como los otros, se han diseñado como un glosario de recomendaciones (ad-post) que deben cumplir los sectores productivos, dentro de cada una sus actividades en donde se hace uso los recursos naturales. Sin embargo, dichas recomendaciones o acciones no han sido integradas (ex-ante) al diseño de los procesos tecnológicos que permitan hacer un uso coherente y responsable de los recursos, en donde la protección y conservación de los mismos sea intrínseca al propio sistema tecnológico diseñado, dentro de cada una de las etapas propias de la cadena o marcha en el uso de los recursos naturales, es decir, extracción, producción, transformación y utilización final. La causa de ésta situación, radica en el poco conocimiento que se ha tenido de la condición holística, de tiempo y de lugar, de los recursos naturales. Esto hace que al diseñarse  las Políticas Públicas del manejo y/o gestión de los recursos naturales, se realice sobre los elementos o productos puntuales, dejando de lado, todos los flujos insertos entre el recursos que se desea administrar y el entorno al que dicho recursos tiene influencia o correlación.

En la figura anterior, se presenta el diagrama unifilar  de la actuación de la sociedad en el proceso de ocupación territorial, a través de la puesta en marcha de dos flujos de actuación: uno, que corresponde al flujo de uso de recursos naturales, ya sean geológicos, litológicos, floras y fauna, hídricos, aire y recursos marinos, lo cuales son integrados a los procesos productivos, y otro, el flujo de establecimiento de la infraestructura necesaria para desarrollar los procesos productivos y de transformación, así como la infraestructura necesaria para la nucleación de la población

Los diferentes grupos de la sociedad activan los dos procesos de ocupación territorial, presentados y descritos anteriormente,  para generar los procesos de producción para obtener los bienes y servicios que permitan satisfacer las demandas que continuamente éstos grupos hacen al medio natural. Además de lograr la satisfacción de bienes y servicios, los procesos de ocupación territorial alteran el medio natural,  ya sea modificando, no solo la estructura geomorfológica, sino también introduciendo cambios en la estructura paisajística, como resultado del establecimiento de la infraestructura socioeconómica, y alterando, en mayor o menor medida, las condiciones y características de los recursos naturales, al establecer sus procesos tecnológicos, mediante los cuales  extrae, produce y transforma dichos recursos.

En el desarrollo de estos dos flujos de ocupación territorial, la sociedad, en los espacios en donde se encuentran tales recursos naturales, establece diferentes procesos, ya sea de: i) extracción y/o de producción primaria; ii) establecimiento de la infraestructura de los sistemas de servicios; iii) de la instalación de los sistemas de transformación; iv) establecimiento de los sistemas de comercio y por último, se genera un flujo final que corresponde al consumo por parte de los individuos que integran la sociedad; como se puede observar en la siguiente imagen.

En la imagen anterior se puede apreciar la relación integral que presenta cada uno de los recursos naturales, renovables (agua, suelos, vegetación, etc) y no renovables (minerales, carbón mineral, petróleo, etc.), con cada uno de los procesos que la sociedad ha desarrollado para  generar bienes y servicios  que permitan satisfacer sus necesidades. De otra parte, también se puede identificar en la figura que en cada proceso: extracción, producción, establecimiento de infraestructura de servicios, transformación, comercio y consumo final, se da lugar una alteración y degradación (Círculos rojos) de los recursos naturales, originada, de una parte, como resultado de la generación de las materias primas a los procesos productivos y/o soporte de las infraestructuras socioeconómicas, así como por ser receptores de residuos, tanto sólidos, como líquidos y gaseosos. El mayor o menor tamaño de la alteración y degradación, generada por los procesos socioeconómicos  está en relación directa con la tecnología utilizada en los distintos sistemas que hacen parte del flujo de la marcha de producción, transformación y uso de los bienes y servicios.

La alteración y degradación generada por los procesos socioeconómicos  actuales se identifica como la alteración ambiental presente,  la cual, de no controlarse o  restituirse las condiciones de los recursos naturales degradados o alterados,  se convierte en la degradación ambiental futura. De acuerdo al tamaño de la degradación presente, limitará, en mayor o menor medida, las expectativas y posibilidades de las generaciones futuras, quienes no cuentan, por no haber nacido, con las herramientas jurídicas y posibilidades físicas de reaccionar  frente a las generaciones presentes, exigiéndoles que es su responsabilidad la de entregar un ambiente que permita el soporte de las generaciones futuras, que para ello  deben contar con los recursos naturales en cantidad y calidad   que soporten los procesos, que para esa época, se instauraran para generar los bienes y servicios que las mismas demanden.

Para visualizar la situación ambiental presente, con relación a la situación futura, se utilizara una  esquematización intertemporal de los flujos que interrelacionan la sociedad con su medio ambiente, como la que se presenta en el siguiente esquema.

 

En la esquematización intertemporal, arriba presentada, se puede observar con claridad que la situación ambiental presente tiene dos condiciones con las cuales debe interactuar la sociedad actual: la primera condición, hace referencia a una determinada oferta ambiental que las generaciones pretéritas permitieron que se constituyera en la oferta ambiental presente y la segunda condición, corresponde a una carga de pasivo ambiental pretérito  que las generaciones pasadas le entregaron como legado a las generaciones presentes.

Dentro de ésta situación ambiental presente, la sociedad actual genera, como ya se indicó, flujos de demandas de bienes y servicios, los cuales el sistema socioeconómico de la sociedad los trasforma en procesos que permiten hacer uso de los recursos naturales, constitutivos de  la oferta ambiental presente, a través de dos flujos: i) un flujo económico de producción de bienes y servicios que permiten satisfacer las demandas de la sociedad, y  ii) un flujo dinámico de descarga de desechos; sólidos, líquidos y gaseosos, mediante los cuales destruye, altera y degrada los recursos constitutivos de la oferta ambiental presente, incidiendo, de manera directa o indirecta a incrementar el pasivo ambiental presente que pasa a convertirse en el pasivo ambiental futuro que van a recibir las generaciones futuras.

El resultado de la satisfacción de las demandas de bienes y servicios por parte de la sociedad, da lugar, por una parte a un disminución de la oferta ambiental presente y de otra, a un incremento del pasivo ambiental presente, que es adicionado al pasivo ambiental pretérito; por lo tanto, la oferta ambiental futura para sustentar el desarrollo futuro, dependerá de las condiciones de oferta y calidad de los recursos, tanto renovables como no renovables, que entregan las generaciones presentes y del efecto que sobre los mimos tiene el pasivo ambiental actual.

Teniendo en cuenta los planteamientos sobre la ocupación territorial por parte de la sociedad, arriba indicados, se concluye que  todos los espacios de la biosfera fueron intervenidos por los diferentes grupos humanos que conforman la sociedad, para establecer, dentro de ellos sus actividades, económicas y de infraestructuras de ocupación territorial. Todo éste proceso lo han realizado los grupos sociales en el tiempo, a través de un acelerado y continuo desarrollo de tecnologías, las cuales le ha permitido, que la ocupación territorial no tenga límites y el uso de los recursos, sea cada vez más intenso.

En consecuencia, la tecnología es el instrumento fundamental que los grupos sociales, han desarrollado  para lograr intervenir el medio natural, lo cual le ha permitido romper todas las barreras de carácter físico-biótico que la naturaleza le imponía, y cuyo resultado es la generación  de una dinámica de intervención mucha más generalizada y poderosa que aquella primitiva,  cuando no contaba con tecnologías que le permitían superar su capacidad física energética de realizar un trabajo.

La alta demanda de bienes y servicios  por parte de los diferentes grupos sociales y la limitación de la producción biológica de los ecosistemas naturales constitutivos del medio natural de aportar tales demandas, obligó a la sociedad a perfeccionar, procesos tecnológicos y biotecnológicos, los cuales le permitieron la definición y diseño de modelos productivos impulsados con energía  subsidiada, lo cual le permitió a la sociedad generar procesos productivos de mayor rendimiento en todos los campos de los sectores económicos: primarios, secundarios y de servicios. De ésta forma, mediante estos modelos tecnológicos, sustentados en grandes subsidios energéticos, le permitieron a la sociedad, que en procura de bienes y servicios  multiplicara de manera inequitativa, el proceso de la ocupación territorial, lo cual conllevó a la ruptura de  la capacidad de soporte del medio natural, cuyo resultado fue la alteración de las condiciones y características de los recursos naturales.

La magnitud de la ocupación territorial, lograda con la puesta en marcha de un concepto, tanto de la ocupación, como de uso de modelos tecnológicos desarrollados para la apropiación y uso de los recursos naturales por las sociedades, supera la capacidad de renovación de los recursos naturales como la capacidad físico-biótica natural del medio ambiente de adsorber la degradación y  alteración presente, lo cual implica, que si ésta degradación, supera la capacidad de autorregulación  natural actual, el desastre ambiental futuro puede tener magnitudes inimaginables. Por lo tanto, la intervención excesiva del sistema humano sobre el medio natural, ya sea para extraer productos como para depositar residuos, ha generado un agotamiento y deterioro de las condiciones de soporte del medio natural, creándose condiciones de inestabilidad de oferta que pone en peligro, a largo plazo, al propio sistema humano.

De ésta forma quedó plenamente demostrado, como se planteó inicialmente, que la problemática actual y futura de los recursos naturales es el resultado de una continua e  inapropiada relación de la sociedad con la naturaleza, en donde, la sociedad a medida que ha venido desarrollando el conocimiento, ha pretendido, en una carrera desordenada y contra el tiempo, someter a la naturaleza con técnicas y conceptos de apropiación y uso inapropiados.

En consecuencia, para plantear una Política Pública de Protección y Conservación de los Recursos Naturales, es fundamental: i) tener un profundo conocimiento sobre la dinámica y operacionabilidad de los recursos naturales constituyentes del MEDIO NATURAL;  ii) conocer la dinámica poblacional del sociedad, con relación a crecimiento y a opciones en el tiempo de las demandas;  iii) tener un profundo conocimiento sobre la cuantificación y  valorización económica y social de los recursos naturales y iv)  una clara identificación de los diferentes fenómenos que se producen a partir  de la relación sistema Sociedad-Medio Natural.  El desconocimiento, deficiencia y/o ausencia conceptual sobre los puntos anteriormente identificados, generará planteamientos equivocados en la definición de las Políticas Públicas de Protección y Conservación de los Recursos Naturales el cual se sustenta en decisiones no apropiadas y cuyas repercusiones son irreversibles en el futuro.

De acuerdo a lo anterior, para la definición de una Política Pública de Protección de los Recursos Naturales es fundamental definir con toda claridad que la misma se estructure a partir de un criterio  integral de GESTIÓN de los recursos naturales que conlleve implícito conceptos de conservación, protección  y utilización de  los recursos naturales, tanto renovables como no renovables, es decir, que la misma se inscriba dentro del concepto de “gestión integrada del desarrollo socioeconómico”, lo significa que se hace  necesario plantear el cambiando del paradigma respecto al concepto actual de las Políticas Públicas de Conservación y Protección de los Recursos Naturales, la cual se asimila o se enmarca a un glosario de recomendaciones, a las cuales se deben acoger los diferentes grupos de la sociedad, que ejecutan  los diferentes procesos de desarrollo que se integran en las Políticas Públicas de Desarrollo Socioeconómico y las cuales se materializan en los Planes de Desarrollo Socioeconómico, en donde la apropiación de los recursos naturales, renovables o no renovables, dependerá solamente de la capacidad del modelo técnico económico  a emplear para efectuar los procesos  de extracción, de  producción y/o de transformación de los recursos naturales. Por el contrario, el cambio consiste en fundamentar el diseño de  los modelos tecnológicos,  a ser empleados en cada uno de los procesos de la cadena productiva y de ocupación territorial, no solo en los criterios de producción, sino también, conceptos de conservación y protección

Lo anterior obliga a que los países planteen un nuevo concepto de desarrollo, el cual  debe fundamentarse en una verdadera gestión de los recursos naturales, en donde el uso de los mismos se establezca mediante modelos intertemporales de distribución y asignación a mediano y largo plazo, el cual debe estar fundamentado en un profundo conocimiento sobre las estrecha relaciones  existente entre las condiciones y características de los recursos naturales y su capacidad de soporte y renovación; dicho conocimiento,  permitirá  identificar  las oportunidades que sobre los recursos naturales  tienen las generaciones, tanto presentes como futuras.

Por lo tanto, la asignación y distribución de los recursos naturales, que se integran a los diferentes procesos de producción y ocupación territorial que configuran  los Planes de Desarrollo, diseñados para satisfacer las demandas, de corto, mediano y largo plazo de la sociedad, deben definirse mediante criterios de descuento o de compensaciones intertemporales, teniendo como línea de base y por razones de seguridad Nacional, la sustentabilidad de los recursos naturales. Para lograr una eficiente y segura  asignación y distribución de los recursos naturales, así como la sustentabilidad de los mismos, los países deben contar con un profundo conocimiento sobre sus recursos naturales, renovables y no renovables, que se traduzca en valoraciones fidedignas y confiables, sobre las cantidades, volúmenes y calidades de los recursos naturales, que permita cuantificarlos económicamente e integrarlos a la contabilidad nacional. El conocimiento presente de las condiciones y calidades de los recursos naturales, valorados económicamente de acuerdo a su oportunidad, favorecerá su distribución o asignación intertemporal, lo cual permitirá la generación de las oportunidades de desarrollo, no solo de las generaciones actuales sino tambien de las generaciones futuras.

Lo anterior significa que las oportunidades de las generaciones futuras radica en las decisiones de las generaciones presentes y específicamente, en los modelos de desarrollo socioeconómicos planteados y definidos para satisfacer sus propias necesidades. Como ésta es una situación que se relaciona con grupos sociales que presentan un relación cronológica intertemporal, corresponde al Estado, en el presente, dirimir todo lo concerniente respecto del conflicto que se presenta entre las generaciones actuales y las generaciones futuras respecto a la asignación y o distribución de los recursos naturales renovables y no renovables que fundamentan los procesos socioeconómicos de cada una de ellas.  En consecuencia, para dirimir las asimetrías que se vienen presentando en el uso excesivo y desbordado de los recursos naturales, cuyos resultados  influyen de manera grave en la disminución de las posibilidades que tienen las generaciones futuras de contar con recursos naturales, en cantidad y calidad, que permita la satisfacción de sus demandas, el Estado debe generar una marco conceptual fundamental que permita subsanar las asimetrías actuales de la asignación de uso de los recursos por parte de las generaciones actuales. Para hacer realidad el planteamiento anterior, es imprescindible que el concepto de la protección y conservación de los recursos naturales, renovables y no renovables, con que cuentan los Estados para general el desarrollo socioeconómico en el tiempo de las generaciones presentes y futuras, sea elevado  a PRINCIPIO CONSTITUCIONAL, cuya observancia, direccione el desarrollo de las poblaciones, que les permita garantizar la verdadera seguridad y estabilidad socioeconómica en el tiempo.

Bajo el marco anterior, es indispensable cohesionar de forma integral y transversal, tanto el uso de los recursos naturales a través de las Políticas Públicas de Desarrollo Económico, de mediano y largo plazo, con la protección y conservación de los recursos naturales, mediante  Políticas Públicas de Protección y Conservación  de los recursos naturales. Lo anterior quiere significar que, la Política Pública de Conservación y Protección de los recursos naturales, debe determinar el marco técnico-legal de la asignación de los recursos naturales, renovables y no renovables,  a las generaciones presentes, que permita satisfacer sus demandas y necesidades actuales, pero favoreciendo y protegiendo la asignación, en calidad y cantidad, de los recursos naturales necesarios para el desarrollo y satisfacción de las necesidades de la generaciones futuras.

De ésta forma, el Estado, es quien toma las riendas en el proceso de asignación presente y futura de los recursos naturales necesarios para favorecer el desarrollo de las generaciones presentes y futuras, rompiendo el planteamiento arbitrario actual, en que la  asignación de los recursos, está en cabeza de pequeños grupos de las generaciones presentes, quienes  solo tienen en cuenta la satisfacción de sus propias necesidades. Definidas así las cosas, al establecerse como PRINCIPIO CONSTITUCIONAL la protección y conservación de los recursos naturales, renovables y no renovables, el uso ordenado y equitativo de tales recursos se constituye en un principio ético y de conciencia moral de los individuos que conforman de las generaciones presentes y futuras.

Se concluye entonces, que la problemática ambiental actual y futura, es la respuesta del medio natural a una mala y desordenada distribución o asignación de recursos, cuyo proceso se ha fundamentado en un simple acto de repartición espacial de recursos naturales renovables o no renovables, por las generaciones pasadas y presentes. Por consiguiente, con el ordenamiento expuesto en éste texto,  la distribución o asignación intertemporal de recursos naturales, renovables y no renovables, se orientará  a establecer una dinámica y una permanencia respecto a los flujos y a las relaciones que se originan en la interdependencia de los recursos naturales, los cuales se constituyen en el fundamento de la estabilidad de los ecosistemas del medio ambiente.

Esta interdependencia, originada en la propia condición de los recursos naturales, es la que genera la dinámica de los mismos en el tiempo, por lo tanto, el acto de distribución o asignación de recursos naturales se circunscribe dentro del concepto de la administración dinámica de los recursos, la cual conlleva toda una problemática de decisiones de desarrollo y de conservación de recursos, de tal forma que la decisión de conservar un recurso natural, por parte de las generaciones presentes, es un acto que conlleva a trasladar el consumo presente a períodos posteriores; ésta decisión corresponde a plantear un ahorro a ser utilizado por  las generaciones futuras. Sin embargo, una decisión de utilizar en el presente los recursos naturales, corresponde a un acto de traer de períodos futuros a un momento presente el consumo, lo cual significa que ésta decisión corresponde un préstamo de las generaciones futuras a las generaciones presentes. De otra parte, la decisión de desarrollar un recurso con fines productivos, sostenidos en el tiempo, de tal forma que mantengan su productividad, es una decisión que se asimila a una inversión de las generaciones presentes en  beneficio de las generaciones futuras.

El planteamiento y definición de una correcta y justa administración de los recursos naturales renovables y no renovables, se encuentra determinada por la incertidumbre que rodea las decisiones que fundamenta el planteamiento de la administración de los recursos naturales, en virtud a que se están relacionando por una parte, recursos naturales renovables cuya característica principal es un determinismo generado en su condición biológica y por otra, una población altamente dinámica, la cual por su conformación en estructuras sociales, culturales y laborales  genera continuamente formas de intervención que degradan o deterioran los recursos naturales renovables constitutivos del medio ambiente que la soporta. Esto obliga a que se plantee una administración DINAMICA en el tiempo, en donde se establezca, como actividad de balance, el uso de las compensaciones de recursos en los planteamientos de uso presente y futuro de los recursos naturales. Lo anterior solo será posible si se logra una definición clara y coherente de las Políticas Públicas de Desarrollo, que se fundamenten en un manejo y administración en el tiempo de los recursos naturales y teniendo como marco rector las Políticas Públicas de Conservación y Protección intertemporal de los recursos naturales.

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